Ama la
vida, vívela, respétala, vive momento a momento con gran alegría. Acéptate a ti
mismo y a los demás, sin crear divisiones, y estarás en el camino de la
felicidad. Renuncia a todo aquello que lleve a la división, a esos pensamientos
a veces egoístas que te producen ese antagonismo con los demás. Eres como eres,
acéptalo con alegría, con gratitud. Y de repente sentirás armonía, una gran
melodía en tu corazón. La música de la paz, la música del amor. Si vives de
esta manera tienes una llave mágica que abre todas las puertas. Entonces hazle
caso a tus instintos, hazle caso a tu cuerpo, a tu corazón, a tu inteligencia.
Confía en Dios y en ti mismo, que tus pasos te lleven, adonde quieran
llevarte; que tus sueños se cristalicen, y todos tus anhelos se cumplan; y
entonces no habrá pérdida, habrás triunfado. Y fluyendo espontáneamente con tu
vida natural, un día te encontrarás en la puerta de lo divino, en armonía con
el universo, con la vida, con el mundo y con Dios.
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