Las tormentas de la vida muchas
veces son muy fuertes, en muchas ocasiones pareciera que no podremos frente a
ellas, lágrimas aparecen y por periodos pareciera que son el pan diario para
nuestra vida. Porque hay tormentas que a
veces arrasan, tormentas de un pasado que intentan detener la marcha, tormentas
de un futuro incierto que te llenan de angustia, tormentas que te hacer rehusar a creer que
pueda nuevamente en tu rostro dibujarse una sonrisa o que vuelva a brillar el
arco iris una vez que ha pasado la tempestad, tormentas que a veces te dejan
derribado sin fuerzas quizá para levantarte.
Más yo te digo, no te desesperes porque puedes
tener paz en la tormenta, fe y esperanza, cuando no puedas seguir. Aun con tu mundo hecho pedazos el Creador guiará
tus pasos no te dejará hundir y mucho menos morir, porque cuando Dios está
presente las tormentas pueden venir pero Él jamás nos dejará hundir.
Es que Dios es un Dios que
deposita PAZ sobre tu vida, Él envía a su Espíritu Santo para consolarte, por
eso lo llamó el Consolador, no hay de qué temer, no hay porqué preocuparse,
cuando estas bajo la cobertura del Señor tienes asegurado tu presente y tu
futuro.
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