Noche oscura y tenebrosa...cruje el viento y ulula el silencio. Todo es soledad...trémulo el tiempo pasa, mientras la fría brisa muerde con saña mis entrañas, me agarrota, me acorrala como un fantasma en medio de la angustia.
En este trance, en esta agonía me cortejan las tinieblas y me acorralan al borde del abismo en donde mis gritos lastimeros, consecuencia de mi miedo solo son escuchados por los oídos sordos de la noche, pues me siento solo como estrella solitaria en medio del firmamento, como una duna en el desierto, como pájaro sin nido perdido en el bosque de mi existencia.
Me cortejan las tinieblas y me siento vacío, cansado, desanimado como que los dardos de la desdicha y de la indiferencia hieren mis alas y no me permiten volar. Dardos de avaricia, de desconfianza, de soberbia, de orgullo; dardos de egoísmo y de arrogancia que me empujan, me zarandean, enmudecen mi voz...sus tinieblas cubren mis ojos, no hay luz, todo es oscuridad, todo es silencio, todo es soledad.
Encerrado en este abismo, en este tunel sin salida, pienso que nunca podré escapar, hasta que al final diviso una luz, un resplandor de esperanza que me incita, que me invita a salir, a huir, a escapar. Me llena de fuerza, desafío el miedo, doy mis primeros pasos y hasta la liberación corro.
Esta luz me invita a romper las cadenas que me atan egoistamente a mi YO, rompo entonces los grilletes de la soberbia, del orgullo, de la arrogancia y grito con toda mi fuerza "GRACIAS DIOS MIO" y de pronto en el firmamento danzan las estrellas al ritmo de la melodía del viento, la luna me mira con su resplandor...enmudece el silencio y escucho el canto de la libertad, el canto de la alegría y la paz llena mi alma y la tenebrosa noche se convierte en una noche primaveral que da la bienvenida al nuevo amanecer con la claridad de los rayos solares y todo se transforma en una fiesta, en una melodía de paz y amor; el nuevo día pone fin al cortejo de las tinieblas y la vida misma a mi cuerpo vuelve y como gratitud a Dios elevo mi oración.
Me doy cuenta entonces que solo en los corazones humildes puede entrar Dios y llenarlos de paz, alegría y amor.
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