miércoles, 21 de mayo de 2014

NO HAY HEROE SIN DESIERTO NI ADVERSIDAD




El verdadero héroe no nace, se construye a sí mismo a través de la fe, a través de la perseverancia, de la lucha constante.  El verdadero héroe es el que enfrenta día a día las tormentas, las tempestades.  Es aquél que no calcula, que no claudica, sino que se enfrenta al miedo, el que pone el pecho ante los dardos de las circunstancias adversas, es aquél que enfrenta la realidad y nunca da las espaldas al enemigo cualquiera que este sea, al enemigo que se disfraza de problemas familiares y económicos, de desilusiones, de enfermedades, de incomprensiones, de fracasos…de derrotas. 

El verdadero héroe es aquel que sigue el camino de Moisés y de Abraham hasta llegar a la tierra prometida, caminando por el desierto, superando las grietas, la sequedad, la angustia, la sed, el rigor del sol, las tormentas de arena; es aquél que por momentos quizá se esconde tras las dunas del desierto para cubrirse de los torbellinos pero luego sigue la ruta trazada.  Es aquél que a pesar de todo sigue avanzando paso a paso con la fe y la esperanza, consciente de que con optimismo y perseverancia llegará a la cúspide de su ideal.

El verdadero héroe nace superando las pruebas, cayendo y levantándose las veces que sean necesarias.  El héroe no se hace sin desierto, no se construye ausente de la adversidad.  El verdadero héroe es aquel que lucha con toda su energía, con toda su mente, con todo su corazón.  Es aquél que sabe que el heroísmo está en lo que le cuesta, no espera la intervención desde afuera, la busca hacia adentro, asume su responsabilidad y busca el camino para encontrar solución a sus problemas.  Sabe que esa es la fuerza necesaria para salvarse a sí mismo y superarse. 

El verdadero héroe es aquel que sabe que si tiene olas de 15 metros y que la heroicidad consiste en aprender a nadar sobre ellas.  Es aquél que de los fracasos hace verdaderas medallas de oro y luego se las cuelga en el cuello para tomarlas como inspiración y en cada obstáculo encontrar un motivo para crecer, un motivo para superarse, porque a través de la lucha constante demostrarse a sí mismo que es un valiente y más no un cobarde que se esconde bajo el manto de la queja, del pretexto, del no puedo y quedarse estancado y atrapado en el pantano de la adversidad.

La auténtica aventura de un héroe es aquella que le confronta con su sombra, es decir, con sus inseguridades o miedos, la que le permite asumir el fracaso ante un proyecto, la sensación de perder el control en una relación de pareja o las dudas a la hora de emprender un negocio. El verdadero héroe Comprende que cada dificultad es una invitación de la vida a buscar en sí, a conocerse mejor, a revisar sus principios y a dar lo mejor de sí mismo.

El verdadero héroe sabe que para ser tal no puede dejar de sentir muchas veces el vacío y la derrota.  Pues no le huye a la adversidad, sabe vencer el miedo y desplegar sus alas como un águila real y elevarse en el vuelo por encima de toda circunstancia, no es aquél que agacha la cabeza ni aquél que se pone de rodillas para rendirle culto a los problemas y adversidades.

El verdadero héroe sabe que debe superar el miedo y la tempestad, enfrentarse día a día, por tanto no debe quedarse arrastrándose en el suelo corriéndose el riesgo de que todos lo pisoteen, es aquél que sacude sus alas y vuela sobre el pantano, es aquél que no centra la mirada a ras del suelo sino que erguido mira de frente a la cima de la montaña en donde descubre el trofeo de la victoria, porque todo lo puede quien se baña de sudor para conquistar sus sueños.

Y recuerda siempre que el mérito no está en solo recorrer el desierto ni enfrentar la adversidad, sino en salir de él y en aprovechar la oportunidad para transformarte positivamente.

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