El
verdadero héroe no nace, se construye a sí mismo a través de la fe, a través de
la perseverancia, de la lucha constante.
El verdadero héroe es el que enfrenta día a día las tormentas, las
tempestades. Es aquél que no calcula,
que no claudica, sino que se enfrenta al miedo, el que pone el pecho ante los
dardos de las circunstancias adversas, es aquél que enfrenta la realidad y
nunca da las espaldas al enemigo cualquiera que este sea, al enemigo que se
disfraza de problemas familiares y económicos, de desilusiones, de
enfermedades, de incomprensiones, de fracasos…de derrotas.
El
verdadero héroe es aquel que sigue el camino de Moisés y de Abraham hasta llegar
a la tierra prometida, caminando por el desierto, superando las grietas, la
sequedad, la angustia, la sed, el rigor del sol, las tormentas de arena; es
aquél que por momentos quizá se esconde tras las dunas del desierto para
cubrirse de los torbellinos pero luego sigue la ruta trazada. Es aquél que a pesar de todo sigue avanzando
paso a paso con la fe y la esperanza, consciente de que con optimismo y
perseverancia llegará a la cúspide de su ideal.
El
verdadero héroe nace superando las pruebas, cayendo y levantándose las veces
que sean necesarias. El héroe no se hace
sin desierto, no se construye ausente de la adversidad. El verdadero héroe es aquel que lucha con
toda su energía, con toda su mente, con todo su corazón. Es aquél que sabe que el heroísmo está en lo
que le cuesta, no espera la intervención desde afuera, la busca hacia adentro,
asume su responsabilidad y busca el camino para encontrar solución a sus
problemas. Sabe que esa es la fuerza
necesaria para salvarse a sí mismo y superarse.
El
verdadero héroe es aquel que sabe que si tiene olas de 15 metros y que la
heroicidad consiste en aprender a nadar sobre ellas. Es aquél que de los fracasos hace verdaderas
medallas de oro y luego se las cuelga en el cuello para tomarlas como
inspiración y en cada obstáculo encontrar un motivo para crecer, un motivo para
superarse, porque a través de la lucha constante demostrarse a sí mismo que es
un valiente y más no un cobarde que se esconde bajo el manto de la queja, del
pretexto, del no puedo y quedarse estancado y atrapado en el pantano de la
adversidad.
La
auténtica aventura de un héroe es aquella que le confronta con su sombra, es
decir, con sus inseguridades o miedos, la que le permite asumir el fracaso ante
un proyecto, la sensación de perder el control en una relación de pareja o las
dudas a la hora de emprender un negocio. El verdadero héroe Comprende que cada
dificultad es una invitación de la vida a buscar en sí, a conocerse mejor, a
revisar sus principios y a dar lo mejor de sí mismo.
El
verdadero héroe sabe que para ser tal no puede dejar de sentir muchas veces el
vacío y la derrota. Pues no le huye a la
adversidad, sabe vencer el miedo y desplegar sus alas como un águila real y elevarse
en el vuelo por encima de toda circunstancia, no es aquél que agacha la cabeza
ni aquél que se pone de rodillas para rendirle culto a los problemas y
adversidades.
El
verdadero héroe sabe que debe superar el miedo y la tempestad, enfrentarse día
a día, por tanto no debe quedarse arrastrándose en el suelo corriéndose el
riesgo de que todos lo pisoteen, es aquél que sacude sus alas y vuela sobre el
pantano, es aquél que no centra la mirada a ras del suelo sino que erguido mira
de frente a la cima de la montaña en donde descubre el trofeo de la victoria,
porque todo lo puede quien se baña de sudor para conquistar sus sueños.
Y
recuerda siempre que el mérito no está en solo recorrer el desierto ni
enfrentar la adversidad, sino en salir de él y en aprovechar la oportunidad
para transformarte positivamente.
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