jueves, 20 de marzo de 2014
UN DIA DECIDI...
Un día decidí no colocar mis manos sobre el timón de mi nave. La dejé a la deriva, a merced de las olas, a sabiendas de que el dueño del mar controlaría la fuerza y la dirección de los vientos.
Porque siempre navegué a contra corriente, y aún contrariando mis gustos. Nunca tracé de antemano sendas en la montaña para luego recorrerlas. Nunca me senté tranquilamente frente a una ancha mesa para trazar un mapa de operaciones, un organigrama minucioso, unos planos de largo alcance, con objetivos precisos. Si alguna vez concebí planes y cobijé sueños, alguien se ecargó de desbaratarlos y hacerlos trizas sobre la misma marcha.
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