El ser humano no es una estatua ni un árbol para morir haciendo sombra siempre al mismo sitio. El ser humano está llamado a caminar constantemente en busca de sus ideales, iluminado siempre por la antorcha encendida de la fe y la esperanza en el Creador. Está destinado a recorrer los campos, los verdes prados, a recorrer por el terreno yermo y seco, destinado a cruzar el desierto sin cansancio, sin desánimo, consciente de que siempre Dios nos está renovando el vigor para desplegar nuestras alas y surcar los cielos como las águilas, porque a los que guía el Señor no sentirán la fatiga ni el cansancio.
En este mundo no estamos por pura casualidad, en este mundo estamos porque Dios nos creó con un propósito y para éllo nos dotó de muchos dones, de muchas cualidades, no nos hizo un gusano ni un animal para arrastrarnos o caminar en posición horizontal sino erguidos en busca de la superación, de la cumbre, de lo profundo, de lo entrañable.
Fuimos escogidos de entre millones y llamados a seguir adelante, como un desafío que nos permita volar hacia la cumbre donde está lo limpio, lo hermoso y lanzarnos sin miedo a lo desconocido, sin miedo a vivir y saborear la libertad.
Todos, absolutamente todos estamos llamados a la superación, a buscar la cima de nuestros ideales, pero pocos se arriesgan a desafiar el riesgo, a cortar los vientos, a luchar contra los tornados, a batallar en las tomentas hasta alcanzar el majestuoso vuelo que vence a toda prueba las adversidades.
Hay muchos que a veces no alcanzan a volar porque no se atreven, porque temen los riesgos, porque prefieren quedarse encerrados en la jaula de sus comodidades y no buscan la puerta que les lleve hacia la libertad, hacia la superación, es este el motivo por el cual hay pocas águilas sucando los cielos, porque son pocos los que se sacrifican y vencen la altura y a su paso con valor y corage, vencen los obstáculos, los tornados y las tormentas y nada les detiene en su vuelo hasta alcanzar su ideal y luego con valentía volver a comenzar, porque están conscientes que la vida es movimiento, la vida es un constante caminar, porque la única forma de vivir la vida es viviéndola a plenitud.
Caminemos con entusiasmo, sigamos adelante, no desistamos, no tengamos miedo, superémonos, avancemos con fe, perseveremos, que el triunfo es nuestro, sigamos, no paremos, que la meta nos espera, aguantemos y resistamos un poco más, confiemos en Dios y no desfalleceremos en nuestro empeño, porque si confiamos en el Señor nos naceran alas de águila.
No tengamos miedo porque el poder del espíritu de Dios está con nosotros. No nos detengamos en el camino porque la fuerza de Cristo resucitado están en nuestros corazones.
Caminar y crecer significa combate. Combate lleno de fe y esperanza, lucha que supone caídas y levantadas, subidas y bajadas, tensiones y serenidad. Combate significa vida, que crea y busca vida, porque la vida surge como el camino al andar.
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