lunes, 3 de marzo de 2014

PERSEVERA



No te quedes en la vera del camino, sentado y agobiado por el desánimo, lamentándote desalentado esparciendo el manojo de tus ideales por tierra y marchito, quizá quejándote “no consigo nada…no adelanto nada…de nuevo en vuelto a caer…otra vez he fracasado. Si quieres ser portador de cosechas fecundas de frutos que perduren debes trabajar infatigable y ardorosamente, olvidando lo que queda atrás y yendo derecho a lo que está adelante.

Nosotros somos los corredores en el Estadio de la vida, no simples espectadores y por tanto debemos correr valientemente hasta pisar la meta y alcanzar la corona, pero debe ser una corona que nunca se marchite.

El que corre avanza, el que avanza, se perfecciona, el que se perfecciona, pisa la meta trazada por Dios y es digno de la recompensa, de esa recompensa que está destinada para los hombres y mujeres que se esfuerzan, se te someten a muchas pruebas, que soportan las sequedades y dificultades internas y externas pero nunca abandonan la lucha constante e infatigable hasta alcanzar la meta trazada y saborear gozoso el dulce manjar del triunfo; pues las alas de los ángeles no se

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