AMA LA VIDA Y VIVE FELIZ
No tenía dientes y aún sonreía; andrajoso y con los zapatos rotos
irradiaba amor y paz; con sus manos viejas, encallecidas y llenas de
cicatrices las extendía para saludar. A pesar de su olor a sudor y su
cuerpo cansado irradiaba felicidad por doquier en su camino por el
sendero de la vida porque Dios caminaba junto a Él.
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