lunes, 3 de marzo de 2014

SIEMPRE BUSCANDO A DIOS



Tan sensible como soy, tan pendiente de agradar y de ser agradado, de querer y ser querido, y no me doy cuenta de que son pellizcos que le doy a mi fin último, que eres tu mi Dios. ¡Como si tu no tuvieses derecho a llegar con tus exigencias a todos los rincones de mi corazón o te contentases con algo!...


A ti se agarra el alma mía, como hiedra verde, con inquietud de altura, enlazada a Ti para no pasar, para reinar eternamente, porque “servir a Dios es reinar” con el más seguro y duradero de los reinos.
“Que nada pueda turbar mi paz ni hacerme salir de Vos, oh mi Inmutable, sino que cada minuto me sumerja más en la profundidad de vuestro Misterio”.

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