lunes, 3 de marzo de 2014
AVENTURERO DE LA VIDA
El regalo más grande y maravilloso que el Creador me ha regalado es poder disfrutar de la aventura de vivir, recorriendo paso a paso los senderos de este mundo y como un nómada, avanzando siempre adelante montado en el tren de la fe y la esperanza, descubriendo lo desconocido, viviendo la vida tal como se me presenta en busca de ideales más no de ilusiones. Porque soñar es algo grandioso pero más grandioso aún es hacer realidad los sueños.
Cada día emprendo el vuelo, sin saber a dónde me llevará pero decidido estoy a volar, decidido a surcar nuevos cielos, nuevos mares, sin detenerme hasta llegar a la meta final y luego volver a empezar.
No tengo miedo de emprender cada día mi marcha hacia el infinito, hacia lo desconocido, porque el Espíritu de Jesús y su poder están conmigo. No detendré mi caminar porque la fuerza de Cristo resucitado está en mi corazón.
Seguiré combatiendo desde cualquier trinchera que la vida me depare, aunque esto supone caídas y levantadas, subidas y bajadas, tensiones y serenidad. Seguiré mi marcha, no desistiré, no tendré temor porque mi ideal es superarme, avanzar hasta alcanzar el triunfo, por tanto seguiré sin parar porque la meta me espera, resistiré, aguantaré confiado en el Señor para no desfallecer en mi empeño porque me da alas para muy alto volar.
En cada amanecer soplan vientos nuevos y es preciso abrir las alas y levantarlas al vuelo sin miedo, desafiando el viento, desafiando el temor, desafiando la desconfianza hasta coronar la cima a la que me he propuesto llegar.
Soy un aventurero, que no nací para ser sedentario, nací para ser nómada como Abraham, como Moisés, caminar por el desierto en busca de la tierra prometida. Soy aventurero, soy nómada voy tras la vida porque la vida surge como el camino al andar..
Soy un aventurero que no puedo conformarme con lo conquistado, no puedo resignarme con lo que hasta hoy he recorrido, no puedo quedarme hasta el sitio donde he llegado. Debo continuar mi marcha pues no puedo cortar las alas a mi vida, no puedo permitirme que el sol naciente me sorprenda donde la noche me cubrió con sus estrellas, pues Dios me da la fortaleza en mi fe y anima mi esperanza de caminar y caminar.
Soy el aventurero que cada aurora me despierta y me llama a vivir de nuevo, a salir de mí mismo, a enfrentarme con el hoy, con el aquí y el ahora. Aventurero que quiero vivir con pasión, así tenga que luchar conmigo mismo para encontrar el hombre nuevo.
Caminaré, recorreré los caminos o abriré nuevos en busca de mi meta trazada. Lucharé contra mis miedos y desánimos, seguro que alcanzaré la victoria porque para el que confía en Dios todo es posible. Y no me dejaré envolver con el polvo de la noche para poder contemplar alegremente las estrellas del firmamento.
Desafiaré el terreno árido, seco, sin agua; tomaré el arado y con la frente siempre adelante dejaré surcos detrás de mí y seguiré abriendo otros hacia adelante, sin calcular la jugada ni mis acciones, estaré en las duras y en las maduras, continuaré sin miedo al riesgo, pues no es de valientes moverse solo en lo seguro, en lo cómodo, en lo que causa bienestar, hay que arriesgarse como un aventurero que se lanza hacia lo desconocido y misterioso, pues el hombre sin desafíos deja de ser hombre.
Quiero ser el aventurero que ama la libertad, que vive la libertad. El aventurero que no se ata a nada ni a nadie. El aventurero que suelta las amarras y da rienda suelta a la libertad, para sentirme libre como el viento, como las olas del mar, como las mariposas en el campo, como las aves que vuelan y trinan en el bosque, sentirme libre como el Espíritu.
Como aventurero, como nómada quiero superar las fuerzas que me esclavizan, soltar los grilletes, romper las rejas y las cadenas, para no dejarme manipular y sentirme libre, no convertirme en una marioneta manejada al capricho de manos ocultas, que me quieren dominar, que me quieren esclavizar.
Seguiré adelante en lucha, seguiré avanzando por mi sendero, y no dejaré que los perdigones del cansancio, los perdigones de la desilusión y del miedo, hieran mis alas y me impidan volar hacia lo más alto de la cima. No permitiré que mis alas se cansen ni se arruguen, porque siempre me animará la fuerza de Dios.
Jesús desea que todos tengamos alas de águila para levantar el vuelo y vivir con la cabeza erguida, mirando la luz de lo alto y oteando el horizonte, dando un nuevo sabor a la vida, emprendiendo en cada día la andadura por el desierto inseguro, dispuesto tal vez a caminar de noche, dispuesto a cruzar fronteras y encaminar los pasos hacia tierras extrañas con la lámpara encendida de la fe.
Soy aventurero, ese ser nómada que jamás está quieto como un árbol haciendo sombra siempre al mismo sitio, sabiendo que la vida es dura, que la vida se construye, que la vida exige superación constante, sabiendo que hay que continuar sin desistir, sin desanimarse porque la vida exige saber comenzar de nuevo y nunca darse por derrotado así se nuble el cielo y las nubes se vuelvan negras y espesas.
Para el aventurero, la vida tiene sentido y vale la pena vivir y superar con valentía la propia existencia. Porque Dios, a los creyentes no nos ha dado un espíritu cobarde, sino un espíritu lleno de energía, amor y buen juicio. Dios nos ha dado semillas de vida. Semillas de poder, gracia y salvación, para caminar sin fatigarnos y andar sin cansarnos.
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