lunes, 9 de marzo de 2015

“MATAR”, MUCHO MÁS QUE UN PUÑAL O UN FUSIL…




Intenta cada día matar el odio, lo intenta la ingratitud, jamás se rinde la indiferencia, porque no se trata solo de quitar la vida con una puñalada o con un disparo, pues también mata el mal carácter, la ambición desenfrenada y también mata la rutina.  Hay muchas formas de matar: la inconsciente madre que aborta a su hijo, padres que matan los ideales y los sueños de sus hijos obligándolos a escoger una carrera que a ellos les agrada, a frenar y acabar con una ilusión de amor pensando más en su conveniencia que en la de sus hijos.  Se mata cuando se blasfema contra el amor de Dios, cuando se insulta y se calumnia, cuando se juzga y se condena injustamente, cuando se pisotea y se hace leña del árbol caído en vez de tener el valor de extender la mano para levantarlo.  

Se mata cuando con falso testimonio se priva de la libertad a un inocente, se mata cuando se calla una injusticia, se mata con el engaño y el desamor.  También se mata con la frialdad de la indiferencia cuando niegas una sonrisa, un abrazo y una caricia a quien los necesita.  Mata también el explotador que no paga el salario justo, aquel que priva del pan de cada día a sus hermanos.  Mata el político con sus leyes injustas y una pesada carga de impuestos para su pueblo.  Entonces reflexionemos, que no solo mata quien usa un puñal o un fusil sino también nuestras malas  ideas, nuestros malos sentimientos y nuestras malas acciones.  Pero también debemos meditar que no solo es asesino el que da muerte al cuerpo sino el que también mata el alma.

Pero déjame decirte que hay algo, que ni el tiempo, ni la distancia, ni siquiera un sentimiento de maldad puede matar, porque ese amor es incondicional y eterno, no tiene principio ni fin, ese algo es el AMOR DE DIOS.

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