miércoles, 18 de marzo de 2015

LA NAVE DE NUESTRA EXISTENCIA




Ayer al asomarme a la ventana, escuché el sonido de una nave en el cielo y me puse a hacer una simple comparación de los parecidos de aquel aparato con nuestra vida.

Pues nuestra nave se llama vida y Dios ha sido lo suficientemente bondadoso, como para darnos a cada uno una propia nave.

Todos somos pilotos de nuestra propia existencia, pero lamentablemente muchos no asumimos esa responsabilidad, quizá por miedo a tomar decisiones, tal vez por escoger el camino equivocado o hacer una mala maniobra que nos lleve al fracaso en nuestro vuelo.  Por este motivo es que a veces pasamos preguntando a todo tripulante lo que debemos hacer y no tomamos nuestra propia decisión, resultado de eso nos estrellamos, nos accidentamos, es decir, no estamos satisfechos con nuestra vida, porque seguimos escuchando los consejos de otros y cuando no estamos satisfechos con nuestros resultados es más fácil culpar a otros de nuestros fracasos que ser responsables de nuestras decisiones.

Este es el caso de los jóvenes que preguntan a sus padres ¿qué debo estudiar? ¿Qué carrera me dará mayor seguridad económica? Porque el precio de seguir los impulsos de nuestro corazón, de tomar nuestras propias decisiones, es la posibilidad de fracasar.

Es hora de sentir la sensación de libertad, de asumir el control de nuestra nave llamada vida, y aunque no creamos, esto nos dará seguridad y energía interior que no tiene precio, porque ninguno de nosotros, podemos esperar tener éxito en lo que le gusta si acepta que otros decidan por nosotros o al hacer tan solo unos intentos.  La historia está llena de hombres que estuvieron peleando por sus ideas, y que después de fracasos temporales, alcanzaron el éxito.

Cuando piloteemos nuestra nave no permitamos que quien está a nuestro alrededor nos diga qué camino tomar, que vaya más despacio o que acelere el motor, pues nosotros somos los pilotos y los responsables de la nave, y sabemos por qué hacemos lo que hacemos y como pilotos de nuestra vida somos los únicos que sabemos a dónde queremos llegar.  Detengamos a esas personas mata sueños, y no las escuchemos cuando quieran dirigir la nave de nuestra vida, a una velocidad diferente a la que nosotros lo hacemos.  Ellos no conocen por qué hacemos lo que hacemos. No conocen nuestra vida, como nosotros la conocemos.  Ellos no comprenden nuestros sueños y motivos.  Observemos que las personas que han tenido éxito, primero se escuchan a sí mismas. Hacen caso a su corazón.  Fueron tercas en escucharse primero a ellas mismas, antes que a los demás.  

No sintamos temor de fracasar al tomar una decisión, no tengamos miedo de equivocarnos de camino porque como dice Antonio Machado “caminante no hay camino, camino se hace al andar”.  

Mientras piloteemos la nave de nuestra existencia mezclemos la fe y  la esperanza con la persistencia.  Tengamos  fe en el Ser Supremo, es mu y importante en nuestra vida porque nos da paz y serenidad necesarias cuando parece que nuestra nave se voltea de cabeza.

Te invito a que experimentemos la emoción de pilotear nuestra nave de la vida, disfrutemos a nuestro ritmo, a nuestra manera y conduzcámosla hasta alcanzar las estrellas.

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