Hoy al despertar me sentí lleno
de alegría por la bendición de un nuevo día, me asomé a la ventana y vi el sol
en lo alto y silenciosamente dije: “Buenos
días Papito Dios”, le di gracias por lo maravilloso de su creación, por la
bendición de cada día y entonces inmediatamente pensé en ti, y a Dios le di
gracias por tu amistad, por esas palabras de aliento que cada vez me das, por
tus sanos deseos que me brindas, por esa sonrisa compartida, por ese abrazo,
aunque sea a la distancia me haces llegar.
Le pedí de todo corazón que en cada amanecer brille el sol de la alegría
en tus pupilas, en tu corazón arda siempre la llama del amor, que te de
fortaleza para que continúes avanzando hacia tu ideal, que se cristalicen tus
sueños, que siempre encuentres la armonía entre los hermanos para que pueda
haber armonía entre el Cielo y la Tierra y sobre todo armonía entre el hombre y
Dios.
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