Tan
ocupados estamos que olvidamos vivir, perdemos la oportunidad de saborear los
días y las riquezas que nos ofrece Dios en cada mañana. Apreciemos la belleza de cada día y no
pasemos de largo como una rutina; verdad que a veces nos envolvemos en rutinas
y es hora ya de hacer un alto para saborear la mañana, como los pájaros al amanecer
cantan justo en el alba, cantan y sus cantos parecen exclamaciones de alegría,
un canto de oración, un canto de agradecimiento a Dios, un canto digno para
recibir y vivir un bello día.
Entendamos
de una vez que la vida es un maravilloso regalo, no lo menospreciemos, no
olvidemos de dar gracias a Dios cada mañana, no olvidemos de decir gracias en
todo momento ni olvidemos de saborear el dulce manjar llamado vida.
Valoremos
nuestra existencia porque un presente de Dios es, no desaprovechemos las
oportunidades que el día nos ofrece, quejémonos menos y vivamos más saboreando
cada minuto de nuestro día, recordemos que un día nuestros ojos se cerrarán y
no volverán a abrirse jamás.
Superemos
el odio, crezcamos con fe y optimismo, mejoremos nuestra conducta, démosle
valor a nuestra vida, no desperdiciemos el tiempo valioso viviendo con enfado,
rechazando todo lo que acontece a nuestro alrededor, aprendamos a agradecer y
enfrentar con valentía lo que nos ocurre en cada día.
Llegará
un día en que nuestra existencia se esfume, el llanto de las personas que nos
aman no nos devolverá la vida, pero de seguro que ellas hablarán de la huella
que hemos dejado a lo largo de nuestra
existencia. Recibamos por tanto cada día
como si acabáramos de nacer y preparémonos a descubrir cosas nuevas y
maravillosas.
El
regalo de la vida tiene tiempo de expiración, no es eterno, por tanto no
tengamos miedo de vivir, simplemente vivamos, pero vivamos con alegría, no
permitamos que los problemas del día a día perturben y roben nuestra paz, pues
los problemas siempre nos llevarán a ver la vida de una manera distinta, que
nos permitirán vivir mejor aprendiendo a valorar lo que tenemos sin lamentarnos
ni enfadarnos por lo que nos falta.
Un
día la muerte anunciará nuestro final; es mejor estar en paz y haber hecho todo
dando lo mejor de nosotros; así podremos partir sabiendo que dimos todo e
hicimos las cosas lo mejor que pudimos hacerlo. Vivamos al máximo y no nos
olvidemos de Dios, que Él no se olvida de nosotros.
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