martes, 24 de marzo de 2015

PASAJEROS DE LA VIDA




Tan ocupados estamos que olvidamos vivir, perdemos la oportunidad de saborear los días y las riquezas que nos ofrece Dios en cada mañana.  Apreciemos la belleza de cada día y no pasemos de largo como una rutina; verdad que a veces nos envolvemos en rutinas y es hora ya de hacer un alto para saborear la mañana, como los pájaros al amanecer cantan justo en el alba, cantan y sus cantos parecen exclamaciones de alegría, un canto de oración, un canto de agradecimiento a Dios, un canto digno para recibir y vivir un bello día.

Entendamos de una vez que la vida es un maravilloso regalo, no lo menospreciemos, no olvidemos de dar gracias a Dios cada mañana, no olvidemos de decir gracias en todo momento ni olvidemos de saborear el dulce manjar llamado vida.

Valoremos nuestra existencia porque un presente de Dios es, no desaprovechemos las oportunidades que el día nos ofrece, quejémonos menos y vivamos más saboreando cada minuto de nuestro día, recordemos que un día nuestros ojos se cerrarán y no volverán a abrirse jamás.

Superemos el odio, crezcamos con fe y optimismo, mejoremos nuestra conducta, démosle valor a nuestra vida, no desperdiciemos el tiempo valioso viviendo con enfado, rechazando todo lo que acontece a nuestro alrededor, aprendamos a agradecer y enfrentar con valentía lo que nos ocurre en cada día.

Llegará un día en que nuestra existencia se esfume, el llanto de las personas que nos aman no nos devolverá la vida, pero de seguro que ellas hablarán de la huella que hemos dejado  a lo largo de nuestra existencia.  Recibamos por tanto cada día como si acabáramos de nacer y preparémonos a descubrir cosas nuevas y maravillosas.  

El regalo de la vida tiene tiempo de expiración, no es eterno, por tanto no tengamos miedo de vivir, simplemente vivamos, pero vivamos con alegría, no permitamos que los problemas del día a día perturben y roben nuestra paz, pues los problemas siempre nos llevarán a ver la vida de una manera distinta, que nos permitirán vivir mejor aprendiendo a valorar lo que tenemos sin lamentarnos ni enfadarnos por lo que nos falta.

Un día la muerte anunciará nuestro final; es mejor estar en paz y haber hecho todo dando lo mejor de nosotros; así podremos partir sabiendo que dimos todo e hicimos las cosas lo mejor que pudimos hacerlo. Vivamos al máximo y no nos olvidemos de Dios, que Él no se olvida de nosotros.

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