En cada amanecer luego de dar
gracias a Dios por el milagro de un nuevo día, luego de sonreír para llenar de
alegría nuestro rostro, porque amamos la vida, porque tenemos metas que
cumplir, porque estamos capacitados para emprender un viaje quizá saliendo
bache tras bache. Debemos dar gracias a
Dios por todas las maravillas de su creación… el colorido arco iris, el trinar
de las aves, el canto del arroyuelo, el murmullo del viento, el resplandor del
sol, el claro de la luna, el fulgor de las estrellas…también hay otras
maravillas que se encuentran muy dentro de nosotros y que a veces no las
sabemos apreciar: sonreír, amar, sentir, saborear, oír, pensar, tocar. Son tan grandes estas maravillas que no
pueden ser construidas con la mano y no las puede comprar el dinero, son tan
sencillas pero demasiado grandes e importantes en nuestra vida. Te has puesto a pensar el milagro de caminar
y dejar nuestros rastros en la arena, marcar nuestras huellas en la playa como
huellas dejan las olas del mar. Tenemos
el privilegio de vivir, sintiendo que nuestra edad es lo suficientemente joven
como para recorrer los caminos sonriéndole a la vida, conscientes de que la
belleza y la sabiduría aumentan con la edad.
Entonces viva la vida, viva la vida, viva el amor. Viva la vida, viva la vida porque Dios es
amor.
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