Como
valientes guerreros hoy vamos a dejar nuestros miedos frente al futuro,
nuestras inquietudes, nuestras dudas… todo lo que hoy en nuestro corazón
oscurece la esperanza y la alegría. Pues
muchas cosas nos inquietan al pensar en el camino que nos proponemos. El miedo
a lo que dirán los demás; la sensación de soledad que a veces nos inunda; el
saber que somos frágiles y pequeños, el desánimo que tenemos luego de una caída
para levantarnos, el temor a no aceptar un regalo inmenso como es la vida.
Qué bien entonces
saber una buena nueva frente a todo este torbellino, saber que Dios nos hace saber,
que nos llama, pero además, que nos llama junto a otros hermanos que comparten
la misma vocación, el mismo llamado, el mismo don, las mismas ganas de vivir,
el deseo ferviente de cambiar nosotros mismos y a avanzar sin miedo. Porque
Dios nunca nos invita a vivir este camino en soledad: siempre es a lado con los
que se descubren amados y sostenidos por Él. Entonces sólo así podemos encarar el desafío
de vivir y mirar con claridad todo lo que nos impide ver claro cuando queremos
mirar hacia delante. Porque Jesús siempre nos repite: “No temas” que “Yo estaré
contigo”.
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