Cada
uno de nosotros somos una maravillosa idea del Creador, una idea ilimitada de
la libertad, por tanto, debemos rechazar todo lo que nos quiera poner límites,
pues una mente lúcida, un corazón ardiente, un alma valiente es capaz de romper
las cadenas tanto del pensamiento como del cuerpo.
Somos
libres de ir a donde y cuando queramos y de ser lo que queremos ser, pues no
tenemos la obligación de obedecer una ley si no forma parte de la justicia y de
la verdad, pues somos dueños de nuestra propia libertad, dueños de nuestro ser
aquí y ahora, y no hay nada ni nadie que
nos pueda impedir.
La
libertad es la esencia misma de nuestra existencia, de nuestro ser y todo
aquello que pretenda impedirla debe ser eliminado con valentía, pues la única
ley verdadera que conduce nuestras vidas es aquella que conduce a la libertad.
Debemos
alcanzar la superación de nuestras limitaciones en orden y con paciencia, pues
no hay nada más complicado en el mundo que nos rodea que convencer a un hombre
de que es libre y que lo puede probar por sí mismo y construir ya sea su propio
cielo o su amargo infierno.
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