Deja que
dance la sonrisa en tu rostro, déjate acariciar por los rayos del sol, aún en
medio de la escarcha brilla como un lirio, y no detengas tu marcha. Jamás le cuentes al viento tu amargura ni
dejes que el dolor encubra tu sonrisa, ante la adversidad saca invicta tu
voluntad como una armadura y sin agachar la cabeza vence la tormenta y la
tempestad, deja que bregue tu espíritu hasta tus más íntimos anhelos de ensueño
y de gloria.
Rebélate
ante el desánimo, grítale a tu cuerpo perezoso, sonríele a la adversidad,
increpa el torrente y despierta la fe que quizá dormita dentro de tu alma,
azota con el látigo del optimismo los ruines sentimientos de miedo, no detengas
tu paso y deja huellas impregnadas de perseverancia en el sendero de tu diario
caminar.
Sigue tu
marcha hacia el triunfo, no des oído a los ladridos de los que critican tus
acciones y recuerda que a golpe de cincel se esculpen las rocas más duras. Despunta con la luz de la fe entre las
sombras y lucha de frente ante la tempestad, pues si has de coronar la cima que
sea batallando como un valiente, porque sin lucha constante no hay victoria y
solo vive el que triunfa; pues la derrota es el premio de los que en polvo se
convierten antes de pelear.
Ten
conciencia que cada día es el más importante y debes entregarle toda tu fuerza,
sin bajar la mirada porque siempre en el infinito habrá una estrella de sueño,
de fe y de esperanza. Y si ves que tus
sueños se derrumban busca un poco de luz en tu ventana y vuelve a empezar,
piensa que en tu camino no hay imposibles, vuelve a soñar y vuelve a luchar, no
te quedes sentado a la vera del camino herido por los perdigones del cansancio y el desánimo, levántate y
vuelve a caminar, hasta que tus pasos te lleven a alcanzar tu ideal.
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