Todos tenemos en nuestro diario vivir un gigante que nos
aplasta, que nos domina, que nos acorrala, que nos oprime. Ese gigante disfrazado de situaciones
adversas y conflictivas que llegan a nuestras vidas, vestidas de crisis, heridas,
sufrimientos, traumas, rencores, pereza, desánimo, miedo, fracasos, de un pasado
triste, desamores y desilusiones, traiciones y engaños, etc.; que desafían e
insultan nuestras capacidades, nuestra dignidad y humanidad. Un gigante que bloquea nuestro camino, que nos
pone una zancadilla, que nos cierra el paso para avanzar hasta nuestro
objetivo, que nos roba los sueños, que no nos permite alcanzar nuestro ideal; y
a veces nos sentimos vencidos, solos y abandonados, nos echamos a flor de
tierra a morder el polvo y nos conformamos con nuestra desgracia y quizá nos
arrastramos como un gusano y nos dejamos pisotear por las adversidades terminando
nuestra carrera existencial plagados de amarguras, confusión y pena.
No nos
dejemos impresionar por lo complicado de la situación, al principio, todo
parece invencible, indestructible e imposible de superar porque no confiamos en
Jesucristo y en nuestro poder interior y dejamos que estos gigantes nos humillen, se adueñen de nosotros
y nos lleven al fracaso. Cuando vemos
las adversidades como un gigante, desde la perspectiva de ser algo invencible,
algo inalcanzable. Entonces ese gigante es el que nos vence, nos presiona y nos
humilla. Nuestro gigante, personal y privado, es aquel que nos abofetea, que
nos humilla, que nos hace morder el polvo.
Pero, déjame
decirte con fuego en mi corazón: podemos superar y trascender cualquier obstáculo
que tengamos frente a nosotros. Nada
resulta ser indestructible en esta tierra. No hay situación adversa que haya
sido etiquetada como “imposible de vencer”. Por lo tanto, renovemos hoy mismo
nuestras fuerzas; sentémonos y precisemos el plan a seguir. Establezcamos las
estrategias propias de nuestra situación. Dejémonos impresionar por las
capacidades y cualidades que hoy están dormidas muy dentro de nosotros, mas no
por lo rudo del problema. Si queremos vencer a nuestro gigante, no nos dejemos influenciar negativamente por
el ambiente de temor y espanto que se mueve a nuestro alrededor: “No sigamos a
los muchos para hacer el papel de mediocre, fracasado y derrotado” Si manejamos
este concepto dentro de nuestras vidas es porque ha llegado la hora de alcanzar
la victoria. Porque Dios todo lo puede.
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