martes, 2 de septiembre de 2014

DERROTA TODO AQUELLO QUE TE OPRIME Y VENCERAS…




Todos tenemos en nuestro diario vivir un gigante que nos aplasta, que nos domina, que nos acorrala, que nos oprime.  Ese gigante disfrazado de situaciones adversas y conflictivas que llegan a nuestras vidas, vestidas de crisis, heridas, sufrimientos, traumas, rencores, pereza, desánimo, miedo, fracasos, de un pasado triste, desamores y desilusiones, traiciones y engaños, etc.; que desafían e insultan nuestras capacidades, nuestra dignidad y humanidad.  Un gigante que bloquea nuestro camino, que nos pone una zancadilla, que nos cierra el paso para avanzar hasta nuestro objetivo, que nos roba los sueños, que no nos permite alcanzar nuestro ideal; y a veces nos sentimos vencidos, solos y abandonados, nos echamos a flor de tierra a morder el polvo y nos conformamos con nuestra desgracia y quizá nos arrastramos como un gusano y nos dejamos pisotear por las adversidades terminando nuestra carrera existencial plagados de amarguras, confusión y pena.

No nos dejemos impresionar por lo complicado de la situación, al principio, todo parece invencible, indestructible e imposible de superar porque no confiamos en Jesucristo y en nuestro poder interior y dejamos que estos  gigantes nos humillen, se adueñen de nosotros y nos lleven al fracaso.  Cuando vemos las adversidades como un gigante, desde la perspectiva de ser algo invencible, algo inalcanzable. Entonces ese gigante es el que nos vence, nos presiona y nos humilla. Nuestro gigante, personal y privado, es aquel que nos abofetea, que nos humilla, que nos hace morder el polvo. 

Pero, déjame decirte con fuego en mi corazón: podemos superar y trascender cualquier obstáculo que tengamos frente a nosotros.  Nada resulta ser indestructible en esta tierra. No hay situación adversa que haya sido etiquetada como “imposible de vencer”. Por lo tanto, renovemos hoy mismo nuestras fuerzas; sentémonos y precisemos el plan a seguir. Establezcamos las estrategias propias de nuestra situación. Dejémonos impresionar por las capacidades y cualidades que hoy están dormidas muy dentro de nosotros, mas no por lo rudo del problema. Si queremos vencer a nuestro gigante,  no nos dejemos influenciar negativamente por el ambiente de temor y espanto que se mueve a nuestro alrededor: “No sigamos a los muchos para hacer el papel de mediocre, fracasado y derrotado” Si manejamos este concepto dentro de nuestras vidas es porque ha llegado la hora de alcanzar la victoria.  Porque Dios todo lo puede.

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