Un maravilloso jardín es la vida
y de nosotros dependerá que esté repleto de flores coloridas y perfumadas que
atraigan mariposas, colibríes y abejas en busca
de alimento... Lo que sembremos en ella, eso nos devolverá…elijamos entonces
semillas buenas y reguémoslas todos los días, alimentémosla para con seguridad tener
las flores más hermosas.
Cada acto, palabra, sonrisa o
mirada, es una semilla, por tanto procuremos que caiga en el surco abierto del
corazón de la humanidad, que sea como trigo que da pan a los pueblos y no
produce espinas ni cizaña que a la postre dejan heridas y estériles las almas.
Muchas veces sembraremos con
dolor pero de seguro que cosecharemos con gozo…sembraremos quizá llorando, pero quién sabe si nuestro
jardín necesita del riego de nuestras lágrimas para que germine. No tomemos las tormentas como castigos.
Pensemos que los vientos fuertes harán que nuestras raíces se hagan más
profundas, para que nuestro rosal resista mejor lo que habrá de venir. Y, cuando nuestras hojas caigan, no nos
lamentemos; serán nuestro propio abono, para reverdecer y tener nuevas flores.
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