Los fracasos no pueden destruirte, mientras en ti exista voluntad para
continuar luchando, mientras tu corazón anide la fe y la esperanza en el
Creador, cuando creas que esto sucede
piensa como una araña no se rinde cuando su tela se hunde entre las ramas, pues
si uno de sus hilos se rompe vuelve a tejer una tela nueva. El esfuerzo por volver a empezar tiene sentido
si valoramos nuestra existencia más allá
de nuestro fracaso humano. Pero si nadie
empieza, si el miedo paraliza, la tela quedará rota y sin sentido. Quizá tú o
yo podemos ser el puente que inicie una aventura humana renovada y más madura
en pos de vencer los fracasos, las tormentas, las caídas, entonces tomaremos
plena conciencia que nos está permitido caernos pero nunca por nunca se nos
permitirá caer y quedarnos a ras del piso sin ganas de juntar los pedazos y
levantarnos para seguir luchando”.
No nos vamos a quedar quietos y trémulos ante el silencio del anochecer,
pues nada debe interrumpir la esperanza de un nuevo amanecer, púes los fracasos
no son irremediables, pues detrás de ellos existe vivo un corazón humano
dispuesto a luchar, dispuesto a construir y a reconstruir, pues muchas causas
no están perdidas sino olvidadas.
Va a ser difícil levantarse, pero no imposible. Nuestro
compromiso en la lucha debe ser tan grande,
tanto que cautive por completo con el presente, sin opción a dudar ni a
sentir miedo, pues no siempre será fácil mantenerse firme, pero si ponemos la
confianza en Dios y en nuestro corazón jamás se secará el oasis de bendiciones que
Dios guarda para nosotros.
En medio de la crisis, háblale a Dios, llora contándole cómo te
sientes, dile que todo eso te ha hecho dudar y que crees que ya perdiste la fe
en él. Si sientes que le fallaste al perder la fe díselo. También dile que estás
buscando un escape, porque ya habías orado y no recibiste respuesta, que ya
tienes ansiedad y estás en desesperación. Aprovecha para pedirle que quite las
actitudes desalentadoras que tienes que son provocadas por la ansiedad,
desesperación y falta de confianza.
Deja entonces que pase la crisis. Los problemas te van a golpear pero
después te sentirás mejor. Y si este día
que has vivido ha sido un día difícil, tranquilo no desesperes por los días
venideros, pero un día a la vez y con su propio afán, mañana será otro día, y
traerá nuevos retos, será diferente, vuelve a esperar en Dios.
¡Qué
difícil es querer levantarse sin un poquito de fe, si las puertas y las
ventanas están cerradas ¿cómo entrará la luz solar? ¡Qué difícil caminar con
una venda en los ojos! Porque sin fe en Dios es caminar ciegos, sin luz, si
faro que guíe nuestro camino.
No te dejes agobiar por la
ansiedad, no te sientas débil y limitado, confía en Dios y en tu voluntad, no
renuncies a lo grande porque la pequeñez de tu visión envuelve un horizonte
lleno de oportunidades, sigue teniendo la misma confianza audaz de llegar a la
meta que siempre has querido alcanzar.
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