miércoles, 6 de agosto de 2014

LA SATISFACCIÓN DE SERVIR A LOS DEMÁS…




El servicio en la Biblia, está siempre unido a una llamada específica que viene de Dios y por tanto representa el máximo cumplimiento de la dignidad de la criatura, o sea, que evoca toda la dimensión misteriosa y trascendente. Así ha sido también en la vida de Jesús, el siervo fiel llamado a cumplir la obra universal de la redención.

Vocación de servicio significa estar dispuest@ a sacrificar mucho de nosotros, de nuestra vida, para ayudar desinteresadamente a los demás...supone una franca actitud de colaboración hacia los demás. Por esto, la persona servicial lo es en todas partes, con acciones que, aunque parezcan insignificantes, contribuyen a hacer más ligera y placentera la vida de los otros.

La persona que practica una sincera actitud de servicio supera barreras personales y sociales que por lo general parecen infranqueables, tales como: la pereza y la comodidad; el temor a convertirse en el “hazlo todo” en quien los demás descargarán todas o parte de sus obligaciones y se aprovecharán de su buena disposición; la vanidad, pues no pocas veces se es servicial para suscitar agradecimiento y admiración; el orgullo, porque acostumbramos discriminar a las personas por factores como su origen social o étnico; el servilismo, que conduce a exagerar en atenciones y cuidados a ciertas personas por su condición social, su posición laboral, su prestigio o su poder, para tratar de obtener de ellas contraprestaciones.

Servir es, entonces, darse de corazón, con buen humor y comprensión, dignificando la propia vida y la de quienes se benefician de nuestros servicios.  En últimas, es dar de nosotros mismos tan sinceramente como nos sea posible.

Al respecto, resulta valioso el llamado de Gabriela Mistral: “Sé el que aparta la piedra del camino, el odio entre los corazones y las dificultades del problema”.  La probidad, el respeto, la equidad y la solidaridad, son la base para la realización de este valor.  

Entonces superemos las barreras que parecen infranqueables y vayamos con nuestro corazón abierto de par en par, nuestras manos prestas para ponerlas a trabajar en beneficio de los más necesitados, recordando que ha este mundo se viene a servir y más no ha ser servido, porque no vale para vivir quien no vive para servir.

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