No pienses tanto en la edad
sino en lo positivo de tus años vividos.
Si las células se degeneran a través del tiempo no permitas que se
degenere tu espíritu ni tu voluntad, piensa siempre en lo que vale la pena y no
tengas en mente “un no puedo a todo”.
Sueña y no dejes que tu cuerpo apenas duerma. Aprende y no solo pretendas enseñar, ejercita
tu cuerpo y no lo expongas solo al descanso y a una vida sedentaria. Ama y siente el amor, y jamás te dejes
enfermar por los celos. Considera cada amanecer
como el comienzo de una nueva vida y más no como un día menos en tu largo
existir.
No te sientas envejecido por
cada mañana que pasa en el calendario, ni sientas que la vejez te llega con el
paso de los ayeres, renuévate en cada día, pon tus ojos en el horizonte donde depunta el
sol y la esperanza, y no mires la vida con la miopía de las sombras del
pasado. Vive con alegría y no te dejes
herir por los perdigones de la nostalgia; lucha como el ser que nace
fortalecido en cada amanecer y piensa que tienes una vida por delante y no como
un pesimista que solo pasa pensando en cuanto tiempo le falta para morir.
Lleva una vida activa, llena de fe y
esperanza, entonces verás que así el tiempo pase rápido la pereza no llegará a
detenerte sin razón, ni sentirás que las
horas te arrastran y te destruyen sin sentido.
Entonces cuando hayan pasado los años quizá el tiempo te llene de
arrugas, pero estas serán bonitas, marcadas por una sonrisa y más nunca con las
arrugas feas marcadas por la amargura.
Por tanto no permitas que
marque tu vida las hojas tristes del calendario sino la alegría de tu corazón
que cada día palpita porque así lo quiere Dios.


