jueves, 29 de enero de 2015

UN BUEN LUCHADOR SIEMPRE SE LEVANTA PARA SEGUIR LUCHANDO





La vida no sólo es una sucesión de momentos placenteros y bonitos. Con esto, no quiero decir ni mucho menos, que tengamos que vivir en una atmósfera de miedo e incertidumbre, simplemente tenemos que mentalizarnos de que pueden pasar, porque forman parte de la vida.

Cada contienda, nos curte, nos hace más fuerte y, sin lugar a dudas más resistentes, al igual que a un luchador. Salir de cada una de ellas, es una pequeña victoria a nivel emocional y mental, son nuestras cicatrices de combate a las cuales deberemos mirar de vez en cuando para recordar por todas aquellas batallas de las que hemos salido “vivos”.

Evidentemente, no es lo mismo sufrir una lesión o padecer una enfermedad leve o moderada con el hecho de perder a alguien importante en nuestras vidas. Estas “cicatrices”, son especiales, son aquellas que debemos lucir con orgullo. Forman parte de nuestra alma, de nuestro espíritu,  de las que un luchador nunca se deberá separar, pues forman parte de su seña de identidad.

Un luchador, batalla a batalla mejora su estilo, su forma de luchar, se prepara para cada vez ser más apto para las futuras contiendas a las que tendrá que hacer frente. El espíritu del luchador no se apaga una vez que acaba de salir vencedor de una batalla, siempre está atento y vigilante y para ello lucha y se prepara.

Debemos estar preparados para cualquier futura contienda y no dejarnos amedrentar por lo temible que pueda ser el rival. Un buen luchador se levanta una y otra vez, eso es lo que define su carácter y lo convierte en un triunfador.


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