A pesar de la profundidad de las heridas que
hayamos sufrido en el combate de nuestra vida, hay un hecho que es seguro y es
que acaban por cicatrizarse. Mientras el dolor de la herida persiste, el
guerrero lucha por seguir adelante, hace su vida, no se recluye en su casa
lamiéndose las heridas.
Bajar los brazos, tirar las armas, es algo que un
auténtico luchador nunca haría. La vida está llena de meritorios “trofeos” por
los que luchar y conseguir, al igual que está repleta de duras batallas,
también hay muchas cosas por las que merece la pena no dejarse vencer, cada uno
tenemos unas metas o ilusiones.
Sólo la muerte, hará descansar al guerrero. Todos nosotros llevamos dentro ese guerrero
por tanto en momentos de debilidad y tristeza, no hay que darse por vencidos.
Lucha hasta la extenuación por lo que realmente
quieres y deseas en la vida y que los contra tiempos vitales, no sean más que
eso, “cicatrices” o recuerdos de lo que hemos pasado en nuestra
vida. Cuando estés triste o afligido, saca fuerzas de flaqueza para continuar hacia adelante, date por
seguro que tu carácter se hará más fuerte.
Con este artículo quiero ayudar a todos los que se
encuentren en su mejor momento. Sean optimistas, fuertes y regios, como un
guerrero herido que no para hasta ver a su enemigo derrotado, este enemigo
disfrazado de desempleo, desengaños amorosos, enfermedades y por desgracia un
largo etcétera, que se interpone en nuestro camino.
Seamos optimistas y demos lo mejor de nosotros, no
sólo por nosotros sino también por nuestra familia, nuestros compañeros de
fatigas, que dependen de nosotros de una u otra forma y que velan por nuestra
seguridad en la batalla diaria.
Ánimo compañeros de
batalla, que la
fatalidad no tenga la suerte de vernos caer, sobrepongámonos a la adversidad y
¡démosle nuestro mejor golpe!

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