Abandona cuanto antes la postura
de víctima…deja a un lado el “pobre de mí”, abandona la costumbre de quejarte y
criticar. Aprende a aceptar las cosas
que no puedes cambiar, auto supérate, ama a Dios, ámate a ti mismo y acéptate
cómo eres, sé auténticamente tú mismo, sin disimular, limpio y sin
maquillajes. Ten confianza en Dios y en ti
mismo. No busques la aprobación de los
demás para sentirte bien y aprende a estar en armonía contigo mismo y con los
demás.
Disfruta de cada momento, deja de
remembranzas del pasado, apunta siempre a tu meta y jamás te rindas hasta
alcanzarla. Deja de lado los caprichos
tontos y deja de hablar del lado oscuro de la vida. Ten pensamientos positivos y sentimientos
nobles. Nunca te conviertas en portador
de chismes y malas noticias. No cargues
a otros tus penas y problemas y cambia tu queja por agradecimiento a Dios y a
la vida, y sé el portador de alegrías y buenas nuevas.
No vivas solo para ti mismo sino también para los demás. No intentes
cambiar a los demás, no intentes cambiar a los demás, aprende a perdonarte
y a perdonar, no culpes a nadie por lo que te pasa y asume siempre tu
responsabilidad.
No te sientas inferior ante nadie
y mucho menos te compares con los demás, nunca compitas ni busques ser el
centro de atención; practica el silencio y aprende a escuchar.
Nunca juzgues a los demás y trata
más que bueno ser justo, no siembres discordia en el corazón ajeno, equilibra
tus emociones y busca siempre a Dios.