Parece mentira pero es difícil medir el valor de la
vida de una persona. Para algunos se mide por los seres que deja atrás, para
otros se mide por la fe, para otros por el amor. Para muchos se mide por sus
problemas y adversidades. Para otros la
vida no tiene ningún significado. Pero por el hecho de que haya dificultades no
vamos a rendirnos, pues seguiremos adelante, luchando, aprendiendo, amando, aún
con nuestra debilidad pero con sinceridad, profundamente, seguiremos creyendo
en el hombre, en nosotros mismos, en la amistad verdadera, en el amor y si hay
que pedir perdón pidámoslo y si hay que perdonar perdonemos. Si amamos, gritemos, abracemos, besemos, acojamos,
comprendamos y toleremos.
Que nada, ni nadie nos haga bajar los brazos, ni
rendirnos, ni menos perder la esperanza y la ilusión de ser mejores, basta de
bailar al son del pandero del grupo, toquemos un nuevo ritmo conciliador y con
fe y alegría contagiemos al resto.
Tengamos la seguridad de que las lágrimas se secan
y dan paso a un nuevo brillo en la mirada, nos limpian el alma, nos hacen más
humanos, más sensibles, y cada caída nos impulsa a levantarnos. Y ánimo que no estamos sol@s, tenemos a un
Dios que nos ama y vela por nosotros, tenemos a nuestro alrededor muchos amigos
y muy dentro de nosotros un corazón que ruje, una mente lúcida, llenémonos de
voluntad y de coraje porque aún hay tiempo de reconstruir la vida, los sueños y
las esperanzas.

