¿Por qué será que evitas envenenar tu cuerpo, pero no
te importa envenenar tu mente y alma? Existen muchos venenos que
voluntariamente aceptas y permites que envenene tu mente y tu alma, pero el
peor de todos, es la actitud negativa que mata todos tus sueños. La actitud
negativa atrofia tu vida, porque te convence de que nunca podrás lograr tus
sueños. Los proyectos que deseas emprender, pierden su oportunidad de hacerse
realidad por la actitud pesimista que te contamina. Vigila los pensamientos que
entran en tu mente y cuida las palabras que dices. Cuando percibas algo
negativo que va a entrar en tu mente o salir de tu boca, detente de inmediato.
La energía de tus pensamientos y palabras, es una poderosa fuerza que puede ser
creativa o destructiva, dependiendo de tu actitud e intensión. Jesús nos enseñó
que lo que está en el corazón determina lo que uno dice y que nos contaminamos
por las palabras que salen de nuestra boca. También nos dijo que debemos creer
que nuestros sueños se cumplirán, sin dudar en el corazón.
Ahora es el momento ideal
para empezar a vivir tus sueños. Si eres esforzado y trazas un plan razonable,
podrás lograr que tus sueños se vuelvan realidad. Todo lo que tendrás que saber
es qué quieres, luego deberás tomar pasos pequeños para que vayas rumbo al
éxito. Habrá algunas dificultades en el camino, pero si aprendes de los
contratiempos, será mucho más probable que al final consigas lo que siempre has
querido. ¿Quieres saber qué debes hacer para que tus sueños se hagan realidad?
Convertir tu
sueño en un deseo ardiente creyendo que es realizable y que puedes alcanzarlo,
pero para poder convertirlo en una meta, será necesario que creas que lo harás.
Esta clase de creencia se basa en tu compromiso de que si es realizable,
entonces podrás alcanzarlo y si puedes alcanzarlo, podrás hacerlo ahora.
Recuerda que
eres un canal de energía creativa y que puedes realizar grandes obras a través de
ti, entonces ama y aprecia tus dones y veras como el mundo refleja las
condiciones perfectas en las que vive tu Espíritu, y que todas tus necesidades están
provistas de un hábito en un cuerpo fuerte y saludable.
No
permitas entonces que ninguna circunstancia externa te robe la paz interior y
te expulse del paraíso que el Creador hizo para ti.
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