En cada amanecer, abrimos los ojos para enfrentarnos a un nuevo día. Cada mañana descubrimos que somos un pedacito
de Dios. Cada amanecer es una nueva
oportunidad para aplaudir con manos hábiles la magia de estar en este mundo
como luchadores incansables.
Con cada amanecer comienza la
vida. Cada día hay que enfrentar lo nuevo -lo que viene- con fortaleza y buena
disposición. Si hay un día difícil tenemos que pensar que luego vendrá un nuevo
amanecer, y con él una esperanza nueva y recordar siempre que, cuando más
oscuro está el día, más cercano anda el amanecer.
Con cada amanecer nace una nueva
oportunidad, brilla una nueva luz, brotan de los corazones una inmensa
felicidad, no es hora de sumergirse en el mar de las heridas ni mirar las cicatrices
que no llegan a cerrar, porque en cada amanecer nace una nueva flor, con una
nueva fragancia que nos llena de esperanza y de ilusión, de emociones nuevas,
es la oportunidad de sentir la brisa y el susurro de Dios, porque cada día es
un milagro como milagro eres tú.
Entonces es hora de comprender
que cada amanecer es una nueva oportunidad para acercarnos más a Dios, reír más
que ayer, aprender algo nuevo, servir a los demás, hacer nuevos amigos, ser
mejor persona, superar lo que ahora somos y alcanzar lo que pensábamos que era
imposible. Encendamos entonces la
antorcha de la fe, que no se apague la llama del optimismo y que los dardos del
pesimismo y el desgano no logren lastimarnos y detener nuestro caminar.
Que este día se convierta en una
nueva oportunidad para disfrutar e iniciar una vida mejor
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