Como un canto de
esperanza, Dios me invita, a no desanimarme nunca, a seguir siempre adelante, a
realizar el proyecto que ha puesto en mi vida, superando cualquier cansancio,
porque su amor es más fuerte que mis miedos, porque su cruz, símbolo del amor y
lealtad, es garantía de la fe y la esperanza.
Gracias a Dios aún sigo en
el combate, no me detengo ante las adversidades que se presentan en mi camino,
no permitiré que sus perdigones hieran mis alas y me impidan levantar el vuelo
en la aventura de la vida, pues para Dios nada es imposible. Siento que me arropa con todo su poder y con
todo su amor me restaura, jamás se olvida de hacer que el sol aparezca todos
los días y que cada amanecer se convierta en un camino por recorrer para lo
cual el Señor siempre me está guiando, y cada día me confía su heredad, me
regala veinticuatro horas como si fueran veinticuatro surcos que debo cultivar,
pues el Señor quiere surcos sembrados, porque no le agrada nada los campos
baldíos, el tiempo perdido, la vida inactiva, el obrero con las manos cruzadas,
las higueras estériles.
Por eso quiere
verme de lleno en la sementera, lleno de fe y optimismo porque Dios es Amor.